El mar Caspio actualmente tiene un desagüe salino hacia el lago de la Boca Negra, que le hace ser menos salado y albergar más vida. Pero en el pasado parece que tuvo otro desagüe: el mar Negro, a través del río Manych. Esta posibilidad explica la elección de los griegos antiguos de esa corriente como límite entre Europa y Asia. Porque ellos, que fueron principalmente marineros, establecieron límites acuáticos y no orográficos. El límite se extendía, así, hacia el este, formando una larga y coherente serie de estrechos, canales, lagos y mares, a cuyo final no sabemos si llegaron (algo que sí consiguieron por el oeste).
Hoy, el río Manych ha perdido la característica de desaguar el mar Caspio y apenas transporta agua. Y esto porque el nivel del Caspio ha descendido y ya no rebosa. El Manych se ha dividido, por tanto, en dos corrientes opuestas: el Manych occidental, que vierte sus aguas en el mar Negro, y el Manych oriental, que lo hace en el mar Caspio.
A pesar de la pérdida del caudal de desagüe del Caspio, sorprende que un cauce al que vierte la casi totalidad de las aguas del noreste de la cordillera del Cáucaso no tenga un mayor caudal. Sin embargo es así: la altura proporciona mayores precipitaciones, pero la vertiente participa de la aridez de las estepas que se extienden a sus pies, con grandes desplazamientos de derrubios.
















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