Fresco día de otoño en la meseta alta. Me llego hasta Medina de Pomar, en Burgos.

Al pasar fotografío esta casa.

Me gustan las casas de su época.

En mi paseo encuentro esta señal. Quizá haya que actualizar esos epítetos que aparecen en los escudos de algunas poblaciones, como los de "muy noble" y "muy leal", y añadirles el de "muy escolarizada".

Villa Pepita, optimista construcción setentera de influencia aaltiana (finlandesa), se resiente del abandono.

Al doblar una esquina aparece esta ilustre medianera.

Indagando un poco se descubre que la iglesia nunca se terminó ni llegó a consagrarse, y que sus propietarios destinaron la construcción a viviendas, ahora también abandonadas.

Viviendas unifamiliares de la época en que pensábamos que habíamos dejado de ser pobres y que nunca volveríamos a serlo...

Me asomo al río Trueba, donde me emociona esta poderosa fachada.

Incluso este puente (probablemente de los años cincuenta del siglo pasado) resulta atractivo bajo la luz otoñal de la meseta, que hace que todo gane visualmente. Incluso las más humildes piedras.

Como buena obra ilustrada, esta construcción pone su orden racional en un tramo del río para medir sus parámetros. Observo que las truchas gustan de reunirse en la contracorriente del remanso que se ha creado aguas abajo. Será cuestión de agenciarse una caña de pescar para la próxima vez que vaya.














